Al 2001 en un DeLorean a pedal: ¿Cómo es trabajar para una app de delivery en Rosario?
Estiman que hay más de 9 mil repartidores en la ciudad, incluyendo a las plataformas digitales. Deudas, comisiones cortas, jornadas largas y el clima como escollos para arañar la línea de pobreza.
Por Manuel Parola
Suena el timbre. Del otro lado de la puerta, un repartidor recién desmontado de la moto. Es esquivo, entrega el paquete y se despide para ir por el siguiente pedido. No recibe dinero, ya está pago. Mientras se da la vuelta, aparece otro repartidor, con la misma ropa de colores rojos y plateados, pero en bicicleta. Ninguno de los dos supera los 40 años. No se dicen a sí mismos “cadetes”, se llaman repartidores. La aplicación los llama riders. El anglicismo suena cool, fresco, casi tanto como el sonido del timbre digital al solicitar un pedido. Casi tanto como la noche del otro lado de la puerta, en la que las únicas motos, las únicas bicis que recorren imprudentes las calles, son las de “los pibes de Pedidos Ya”.

Las aplicaciones de cadetería móvil aparecieron en Argentina a mediados de 2019 como una novedad que competía contra los clásicos cadetes de los locales de gastronomía y, ante un escenario de escasos puestos de trabajo, se convirtieron en el portal de salvación de cientos de jóvenes en busca del cobre. Venían a plantear un nuevo esquema laboral con la potencia del “futuro que llegó hace rato”. El boom ocurrió durante la pandemia de coronavirus. Si no podés salir, que las cosas vengan a vos.
Las aplicaciones no le resolvieron la vida pero sí el ingreso a estas miles de personas sub-40 que se integraban al mercado laboral en Argentina durante las postrimerías del gobierno de Mauricio Macri, donde la inflación -para lo que se conocía en aquel entonces- era alta y el empleo formal escaseaba.
La tiranía del algoritmo
Al cierre de esta nota, no existe un número oficial de cuántos repartidores circulan en Rosario. El secretario general del Sindicato de Cadetes, Nicolás Martínez, ubica que hay cerca de 9 mil personas que trabajan en las calles de la ciudad, dentro de los cuales también se cuenta a los riders de aplicación. La Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat municipal adelantó en abril de 2026 los números preliminares de un censo de repartidores por aplicación, donde aventuró un universo similar al descrito por Martínez, la mayoría de ellos menores de 35 años y con estudios secundarios completos e incluso cursando una carrera universitaria.
Las aplicaciones que se encuentran en funcionamiento en territorio municipal son Pedidos Ya, Rappi y Mercado Envíos (el tentáculo con el que Marcos Galperín quiere competir con las anteriores). Mientras se leen estas líneas, Uber Eats negocia con la jefatura de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires su primer desembarco en Argentina. Si bien su empresa madre, Uber, no es de circulación legal en la Cuna de la Bandera, ya está largamente instalada en las calles.
Jesús Medina es rider de Pedidos Ya desde 2019 y vive exclusivamente de pedalear para la plataforma digital. Paga sus impuestos, el alquiler y mantiene un perro trabajando seis horas por día, con un franco y medio a la semana. “PedidosYa te da la posibilidad de manejar tus días y tus horarios, de elegir cuántos pedidos cobrás. Hay muchos factores que influyen en lo que hace al precio final del pedido, como la distancia tuya hasta el local, la distancia del local al cliente, ranking en el que esté uno. Si no querés un pedido, lo rechazas pero eso afecta al rendimiento del rider”, explica el trabajador de aplicación a Iceberg.
Algo que Rappi y Pedidos Ya comparten con Uber es el sistema de ranking con el cual los algoritmos asignan los pedidos a los trabajadores, cuyas posiciones son definidas por el desempeño, el tiempo que les lleva ir y venir, por la opinión de los clientes, entre otros elementos: “El que está en el primer puesto del ranking es porque acepta todos los pedidos, nunca llega tarde. Los rankings y sus métricas van cambiando por semana”, explicó Medina, y contó que “si justo se te pinchó la rueda y tenés que parar porque tenés que arreglarla, no tenés el mismo rendimiento que aquel que se dio la maña para arreglarlo en el momento. Hay personas que, incluso si hay un pedido que está fuera de zona, lo pueden rechazar porque buscan un pedido más cercano, y hay gente que lo acepta porque lo quiere aceptar”.
Rappi, de capitales colombianos y actualmente presente en nueve países de América Latina, define los precios de los envíos por oferta y demanda, y por ende la comisión de los repartidores. Por su lado, el algoritmo de Pedidos Ya no se vale exclusivamente de la “mano invisible” sino que también aplica promociones para los clientes y comisiones especiales para los trabajadores: “Si la aplicación ve que los chicos están soltando turnos en el sistema, la app pone un incentivo a los repartidores para que salgan a repartir y los riders eligen si lo toman o no. Aparte de lo que hacés por pedido es un ingreso extra”, dijo Medina a este medio y detalló que “si tenés un turno asignado o ves que mañana hay día de lluvia, Pedidos Ya te da un lapso de 8 horas para que lo sueltes, si no tenés que esperar para que otro repartidor te tome el turno y vos poder soltarlo. Ese es el tema de ser trabajador freelance”.
“Salir a trabajar es como ir a pescar”, sostuvo Ciro Parodi, trabajador de 27 años de la aplicación Rappi. Mientras conversa con Iceberg mira en su teléfono las notificaciones de bonificación que le muestra la app si sale a pedalear en ese instante. La aplicación naranja tiene una ventaja sobre Pedidos Ya: para trabajar sólo tenés que iniciar sesión en la cuenta. Según Parodi fue “mucho más fácil y accesible para crear que la cuenta de Pedidos Ya”, donde son más exigentes en cuanto a aprobar los perfiles de las personas que quieren trabajar ahí.
“Hay fines de semana que decís que se re trabaja, voy a hacer un montón de plata hoy, y capaz que estás 6 horas andando en bicicleta y solamente llevaste tres pedidos y fue un día perdido de que saliste, gastaste energía y no hiciste el dinero que pensabas que ibas a hacer. Y así te puede tocar cualquier día. No te podés hacer de un ingreso fijo o estable, es muy irregular”, apuntó. Si el cadete reserva la franja horaria en la que va a trabajar, esa cuenta tendrá prioridad para recibir los encargos.
En Rosario, se estima que Pedidos Ya tiene el 85% del mercado del comercio por aplicación dado que fue la primera plataforma de cadetería en hacer pie en la ciudad, mientras que Rappi apenas lleva unos años, aunque busca consolidarse con alianzas directas con las centrales empresarias de la gastronomía rosarina.
Los días de lluvia la demanda se dispara y el joven elige salir hasta que el cuerpo le pone un freno: “Hay que bancársela, no es para cualquiera. Creo que salí dos horas y dije, ‘hasta acá’. Tampoco me puedo comprometer la salud. Uno se termina autoexplotando. No es sólo ir con la mochila, es cargarse a uno mismo también”, y profundiza: “Cuando llueve, no llego a cumplir los objetivos como para tener esa bonificación con la que llegás a cubrir tus gastos. Yo prefiero que no, pero el hambre me hace salir los días de lluvia”.
“Los que salen a trabajar lo hacen porque están curtidos con el agua, ya saben cómo trabajar los días de lluvia”, aportó Medina, quien trabaja en motocicleta, pero en sus inicios sólo tenía su bici: “Los días que todavía estaba en bicicleta salía con lluvia porque mi objetivo era comprarme la moto. Yo particularmente, que ya estoy acomodado y establecido, me puedo dar el lujo de elegir. Más allá del resfriado, el tema es el tránsito. Los días feos la gente en auto está desesperada y puede pasar cualquier cosa”.
Endeudados e integrados
Marx y Engels escribieron en 1848 que “todo lo sagrado es profanado y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”. Casi dos siglos después, tener una (sola) fuente de ingresos no le asegura a los recién llegados al mundo del trabajo un techo y cuatro comidas diarias sin un ingreso alternativo. La función del laburo como institución social, al buen decir de los citados, “se desvanece en el aire”.
“La comida está cara, los alquileres están caros, hasta vestirse está caro. Tengo tres trabajos, además de repartir en Rappi, y llego arañando con los ingresos que tengo a cubrir los gastos mínimos”, lamentó Parodi. Las aplicaciones funcionan tanto como empleadoras como también pequeñas billeteras virtuales. Pedidos Ya les brinda a los repartidores la indumentaria (remeras, pantalón, campera impermeable y la mochila tipo box térmico para llevar los envíos), pero no gratuitamente: por cuatro cuotas mensuales de 25 mil pesos te da la caja y el uniforme, y lo descuenta de lo generado por comisión. Las ganancias se ingresan a una cuenta que declara el repartidor y factura semanalmente a Pedidos Ya por medio de un monotributo.
Además, tiene la opción de pedir créditos para cambiar el vehículo, reparar la bicicleta o la moto, e incluso tener descuentos especiales para seguro médico, determinadas compras como indumentaria, accesorios para el vehículo y convenios para cambiar los rodados. Rappi también le permite al trabajador endeudarse con la empresa para pagar su uniforme, la gorra anaranjada y la mochila para llevar la mercadería, la cual tiene un valor de 60 mil pesos que el trabajador tiene que devolver a la empresa de sus comisiones. Sin embargo, no cuenta con ninguno de los beneficios de Pedidos Ya.
Un informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) reveló que los préstamos de las apps a sus repartidores crecieron 125% en 2025, con una deuda promedio de $900 mil pesos por trabajador, quienes en circunstancias normales no son elegibles por un banco convencional para poder acceder a un crédito. El relevamiento destaca que la empresa Pedidos Ya entregó 57 mil créditos por un total de 84 millones de dólares, generalmente destinados a la reparación de sus vehículos.
El dirigente sindical Nicolás Martínez advirtió a Iceberg que las tasas son “usurarias” y escalan al 700% anual, obligando a los cadetes a extender sus jornadas laborales, que oscilan entre 8 y 10 horas. Las aplicaciones tienen un límite de 12 horas corridas para que el trabajador pueda salir a repartir. Además, la dependencia creciente para con estos créditos se refleja en el aumento de la cantidad de deudores en 177% entre 2023 y 2024, pegando otro salto del 122% durante el año pasado.
Pedidos Ya reserva el derecho de tomar créditos únicamente a los trabajadores que cumplen las 8 horas diarias de actividad. Martínez aseguró que “para devolver esos créditos, los repartidores tienen que trabajar gratis un día de la semana”.
La otra cara de la moneda es lo poco que reciben por pedido los cadetes como comisión. Un informe privado de la consultora Focus Market lanzado en mayo de 2026 advierte que “en un año, el poder adquisitivo, medido en pedidos, cayó en promedio un 12%”. Según el Coeficiente de Alcance del Pedido Promedio, elaborado por la Fundación Encuentro, un repartidor cobró en promedio 3.033 pesos por pedido en diciembre de 2025. En otras palabras, un repartidor tuvo que completar 454 pedidos mensuales, 18 entregas por día sin descansar los fines de semana, para alcanzar la Canasta Básica Total de una familia tipo y no quedar por debajo de la línea de pobreza.
Una actividad, una época
“Nuestro sector tiene una ventaja, que es que somos una salida laboral rápida, flexible, eso hace que se vuelque mucha gente a nuestra actividad, pero la contracara de eso es la precarización y la falta de derechos detrás”, reflexionó el líder del gremio de los repartidores. Martínez recuerda que los cadetes en moto aparecieron por primera vez en Argentina en la década de los ‘90, cuando quedarse sin trabajo significaba quedarse fuera del sistema. La imaginación al poder llevó a inventar nuevos puestos de trabajo, algo muy similar a lo que ocurre 30 años más tarde.
Un hilo conductor une aquella época con el presente: ”Hasta la llegada de las aplicaciones éramos casi todos hombres. Las plataformas abrieron la puerta a las mujeres en el mundo de los cadetes”, aseguró el gremialista, quien describe la participación de género -con superioridad masculina- en un 60/40 dentro del mundo de los trabajadores de reparto. “Nuestra primera organización sindical como cadetes apareció en Buenos Aires en el 2001, éramos tantos que necesitamos organizarnos”, recordó Martínez, quien toca de oído ya que él tampoco llega a los 40 años pero logra detectar una relación con aquellos años en donde el país explotó por los aires: “Hoy, como en aquellos años, somos cada vez más. Se perdieron 300 mil puestos de trabajo formales en lo que va del gobierno de Javier Milei, pero la gente no se queda en la casa con la cara entre las manos, sale a ver qué hace. Y ahí es donde aparece la facilidad de tener un teléfono y una bici o una moto, y salir a hacer unos pesos”.
La flexibilidad de los horarios es directamente proporcional a la flexibilidad de sus derechos laborales y normas. Medina describe que para pedir un aumento en las comisiones debe organizarse junto con varios repartidores para enviar un petitorio por medio de la aplicación, pero nunca han tenido la posibilidad de tener una persona física a la cual hacerle algún reclamo. “Actualmente el 46% de los trabajadores argentinos está fuera del circuito formal. Ahí dentro estamos nosotros y hay de todo. Tenemos jubilados que no les alcanza para vivir y se pusieron a repartir. Gente que perdió el laburo y se descargó la aplicación. Pibes que necesitan pagar el alquiler o tener un mango para aportar y se ponen la mochila al hombro”, describió Martínez.
El último informe de la Secretaría de Trabajo de la Nación apunta que la tasa de actividad juvenil alcanzó el 53,7% en diciembre de 2025. Por otro lado, la desocupación alcanza al 15,5% de las mujeres jóvenes y al 14,6% de los varones, frente a una tasa general del 7,8%. Un informe de la Universidad Nacional de Rosario es mucho más lapidario: entre los menores de 35 años, la desocupación subió al 32% durante 2025, casi uno de cada tres jóvenes estaba buscando trabajo. La informalidad laboral en Argentina pasó de 41% a 44% desde 2023, donde se perdieron 339.667 puestos formales según el Sistema Previsional Argentina (SIPA). Pero la desocupación creció apenas dos puntos porcentuales (de 5,7 a 7,8).
Tener plata para una persona joven que no encuentra trabajo en Rosario está al alcance de un click en una pantalla, aunque en condiciones precarias y con ingresos muy acotados. La cadetería por aplicación es un viaje de “Volver al Futuro” donde el DeLorean no funciona con plutonio, sino por tracción a sangre.