Sofía Aldasoro va de la casa al trabajo y del trabajo a la casa recorriendo el centro rosarino y fotografiando los negocios que cierran, liquidan o están vacíos.
Portapapeles | Vidrieras de la crisis
Por Sofía Aldasoro
1 Hace varias semanas que la escena es la misma: cada vez hay más locales cerrados en el centro rosarino. Y no, no es una percepción subjetiva. Es una realidad, concreta, visible, palpable.



2 En 2025 fue el café de especialidad. El 2026 arrancó con nuevos anuncios: emprendedores y marcas de la ciudad dejaban sus espacios comerciales porque ya no podían afrontar la situación. Nuevas razones se sumaban a la ya conocida imposibilidad de sostener el proyecto: el aumento de los servicios, las exigencias de las galerías, las expensas, la baja de las ventas, el cansancio emocional, etcétera. En las conversaciones de enero la palabra todavía no aparecía. Era un supuesto entre voces y el chisme corría en el pequeño círculo cercano, y claro, se extendía.

3 Febrero fue más contundente: bares, librerías, tiendas de ropa. Empezaron a liquidar su stock. “Liquidación por cierre definitivo” en grande y con pintura a la cal contaban las vidrieras. Una apelación a la nostalgia directa. “Nos vamos pero no es un adiós, sino un hasta luego”, se escuchaba en los videos de despedida. El chisme se convirtió en anuncio y las redes sociales dejaron de ser felices. Los usuarios/propietarios las eligieron para conectar con sus clientes/público y contarles lo inminente.


4 En marzo sucedió el tiempo de la confesión: empresarios que reconocían haber acompañado el proyecto nacional hacen análisis sesudos y comentan que la situación actual no da para más. Eso sí, los volverían a votar. Algunos medios se dedican a indagar el problema, hablan de cómo las aplicaciones móviles cubren la ausencia de puestos de trabajo de calidad. Los que tienen espalda se reconvirtieron. No es negocio fabricar en el país, es mejor importar y distribuir. Nos enteramos que el termo emblema para el cebado del mate nacional dejó de fabricarse acá.


5 Abril termina hoy pero algunos se animan a enunciar la idea. La Federación Gremial del Comercio e Industria de Rosario (FECOI) detectó, en un informe recientemente publicado, locales inactivos en lo que va del primer trimestre del año. En el cuadrante delimitado por bulevar Oroño, Buenos Aires, Tucumán y Mendoza, de un total de 4028 locales con vidriera a la calle, 323 se encuentran actualmente cerrados, en alquiler o a la venta. Hay un detalle importante en el relevamiento, no se cuentan los locales en galerías o en centros comerciales. Me tomo el trabajo de hacer una breve búsqueda antes de cerrar estas ideas. Pongo la palabra CRISIS en mi explorador, el resultado es fruta internacional: la crisis del petróleo, la guerra de Donald Trump y sarasa. Especifico: “crisis económica”. Ahora sí, de las diez primeras noticias que me tira –acá ya todos sabemos que son las cookies y cómo dejan pequeños rastros de nuestros intereses en las páginas web– hay tres locales: la primera menciona la caída del empleo y el impacto en la industria, la segunda sobre el saqueo al PAMI y el impacto en la ciudad; y la última, con un tinte esperanzador, dice que hay crisis pero hubo ventas. Nada del cierre de los locales. Más abajo aparece otra de un medio porteño: el cierre de las persianas en las peatonales rosarinas y la crisis económica.


6 El “no hay plata” pasó de lo enunciativo a los bolsillos y de ahí a la calle. Y se nota. Además de haber menos personas que andan en las peatonales de la ciudad, todos los días podemos ver cómo aumenta el recambio en los locales vacíos: pasan de vender electrónica pequeña a quinielas; del negocio del juego a la venta de verduras y a futuro, quién sabe probablemente algo chino. Entonces me pregunto, ¿qué es lo que pasa? No es que no aparezcan las consecuencias del modelo económico y el ajuste en los medios de comunicación, sino que no aparece la palabra más sencilla para describir lo que estamos viviendo. Solo falta que la digamos todos, más fuerte y más claro: estamos en crisis.
