Los árboles no mueren de pie
Caro Taffoni intenta responder preguntas que se hacen muchos rosarinos: ¿por qué caen tantos ejemplares de arbolado público tras las tormentas? ¿podemos hacer algo para reducir el calor en la ciudad?
No hacen falta demasiados datos ni estadísticas para considerar a Rosario como una “ciudad verde”. Está a la vista: hay parques de grandes extensiones y muchas calles arboladas. A principios de 2020, un informe publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) declaró a Rosario como “la ciudad más verde de la Argentina”, con un promedio de 12 metros cuadrados verdes por cada habitante. El informe aseguró que la ciudad posee “alrededor de 420.000 árboles en veredas y espacios públicos, los cuales son fundamentales para mejorar la calidad del aire, reducir el ruido y mitigar los efectos del calor”.
Sin embargo, en el último lustro, se podría decir que “pasaron cosas”. Y siguen pasando… Los árboles caídos después de cada tormenta se cuentan en gran cantidad (entre 60 y 90 denuncias por tormenta, según datos oficiales). Y los árboles que “desaparecen” en las veredas en las que hay torres en construcción no son pocos.
El pasado 4 de febrero, durante una tormenta de tierra y viento, un árbol cayó encima de una pareja que iba en moto en San Lorenzo y Riccheri. Afortunadamente, la pareja sufrió sólo heridas leves. Hace cinco meses, en pleno centro (San Juan casi Moreno), un día soleado y sin viento, un enorme jacarandá se derrumbó sobre un auto en marcha. En el auto viajaban una madre y su hija que, de milagro, salieron ilesas del “accidente”. La caída del árbol, además, tiró abajo el cableado de la línea K.
Esta pérdida de árboles de gran porte se da justo en momentos en que la ciudad los necesita más que nunca. Rosario no es ajena al fenómeno de las islas de calor urbanas, sectores abarrotados de cemento y asfalto que absorben gran cantidad de radiación solar y la liberan en forma de calor. Sólo las zonas forestadas pueden bajarle unos grados a este verdadero horno urbano.
El naturalista y viverista César Massi lleva años estudiando y difundiendo estas problemáticas. Apasionado de los árboles y autodidacta, Massi detesta que lo llamen “influencer de plantas nativas”, pero acepta que viene dando una “batalla cultural” al respecto. Tiene 42.700 seguidores en Instagram y 23.300 en X. Desde las redes educa sobre los árboles que nos rodean, informa sobre irregularidades en las podas y recibe fotos de los vecinos que realizan denuncias que nadie escucha. Su amor por los árboles lo llevó a dejar su profesión original en el sector de Informática, donde trabajó por más de una década, y en 2019 abandonó Rosario para instalarse en su pueblo natal, Bigand, donde fundó su propio vivero, El Tala.
Más allá de las estadísticas, Massi cree que Rosario se transformó en una ciudad anti-árbol. “Hay un miedo generalizado de que el árbol se te va a caer, pero el árbol se cae eventualmente cuando hay un mal mantenimiento”, dijo en diálogo con Iceberg. “En mi pueblo no se caen árboles. Vienen vientos huracanados de 70 kilómetros por hora y ni siquiera se rompen ramas. En Rosario, en cambio, hay múltiples problemas. Es cierto que es una ciudad verde, que tiene muchos árboles, pero ahora nos estamos comiendo el arbolado de hace 30 años atrás, los que se plantaron en la gestión de (Hermes) Binner, que son los jacarandás, los lapachos… Antes de eso el centro no tenía árboles”, recordó.
El viverista señaló que “el problema más grave para los árboles de Rosario” son los “trabajos que se hacen en las veredas”. “El árbol no es una sombrilla, necesita espacio, nutrientes, cazuelas en donde se infiltra agua. Y en Rosario cualquiera tira un caño, un cable o rompe una vereda y en ese trayecto corta las raíces de los árboles. En el centro los árboles se caen porque no tienen raíces. No pasa en ninguna ciudad que se caigan cien árboles en cada tormenta. No podemos normalizar eso. Las contratistas que trabajan en las veredas tienen nulo control del Estado. No hay registro de cuántas veces se trabaja en una vereda y se corta una raíz. Paralelamente, tenés un montón de árboles enfermos que nadie saca hasta que se caen”, explicó.
Las raíces no son las únicas afectadas. El ingeniero agrónomo José Vesprini aseguró que no es “ninguna sorpresa” que en Rosario se caigan “70 u 80 árboles” por tormenta. “Los árboles son víctimas de maltrato de parte de la ciudadanía de Rosario”, aseveró. “Las podas y las escamondas hacen sufrir continuamente a los árboles. Acá las podas no son mecanismos para reducir el crecimiento, son mutilaciones, son mecanismos que sólo hacen daño”, afirmó.
Silvia Molina, presidente de la ONG Protegiendo Nuestros Árboles Rosario, también apuntó contra las podas. “Cuando los árboles están mal podados, cuando les cortan ramas que son claves, eso deja un herida en el ejemplar. Esas ramas quedan expuestas a patógenos que ingresan al tronco y empiezan a infectar al árbol. La poda de raíces o las podas de altura hacen que los ejemplares se caigan”, dijo a Iceberg. Y agregó: “No se pueden cortar todos los árboles de la misma manera y dejarlos como estacas, porque no son todos iguales. Eso sucedió en el 2020 y el 2021”, recordó.
La pregunta que se impone es por qué las podas fracasan o terminan matando al árbol. Y para Molina la respuesta es simple: “Porque se realizan con personal que no está capacitado. La Secretaría de Ambiente (de la Municipalidad) sostiene que hay ingenieros que acompañan a las cuadrillas cada vez que podan, pero nosotros nunca vimos a los ingenieros en la calle”, afirmó. En ese mismo sentido, Massi fue contundente: “Hay una repartición de Parques y Paseos que hace 20 años era una cosa y hoy es una repartición que tiene mucha tarea terciarizada, que se ha desprofesionalizado. Gran parte del problema radica ahí”.
Para dar contexto al tema de las podas, Massi explicó que la primera gestión del intendente Pablo Javkin “arrancó con una poda severa de tres o cuatro años, que yo llamo «poda por inseguridad». Esta poda modificó el comportamiento de cada planta en la ciudad para que las luces queden por debajo de los árboles, y así alargaron el centro de gravedad de las plantas al infinito, con algo de incidencia en este tema de que se terminan cayendo. Eso lo he visto yo: podaban en cualquier momento del año, podaban hasta plantas en flor. En los primeros meses de la pandemia la política fue salir a cazar plantas para que no taparan las luces. Y también estuvo la gran sequía de 2020, 2021, 2022 y parte de 2023. Eso repercutió muy mal en el arbolado. Lo que plantaban se terminó muriendo por falta de riego”, se explayó.
De ese período, el viverista recordó dos hechos puntuales: “En una misma semana se cayó un arce plateado encima de una persona por calle Dorrego y un árbol encima de una camioneta. Como el conductor de la camioneta tenía reflejos anti robo, cuando escuchó el ruido de la caída apretó el acelerador y eso le salvó la vida”.
Massi contó que, después de estas caídas, “la Municipalidad se puso a sacar los árboles secos. Todos los fines de semana informaban que sacaban 50 ó 60 árboles de la vía pública. Pero si vos no sacás los árboles enfermos, no controlás temas sanitarios, no controlás los trabajos en veredas, plantás en contra de la evidencia y podaste todo mal, y sí, los árboles se te van a seguir cayendo. No importa que después vos hagas plantar 10 mil árboles por año, porque esos árboles te van a dar sombra dentro de 20 años. El tema es que vos te estás comiendo el arbolado ahora”, puntualizó.
¿Hasta dónde va a llegar este árbol?
Un recorrido por el macrocentro rosarino basta para comprobar que los árboles de gran porte suelen “desaparecer” en las maltratadas veredas en las cuales hay torres en construcción. Una torre más, uno o varios árboles menos. Esa parece ser la ecuación. Una ecuación que a muy pocos le importa hasta que la reluciente vereda del edificio recién estrenado hierve del calor en los días de verano.
“Con las constructoras se hace la vista gorda. Pero no es un problema de magnitud”, opinó Massi. “Las constructoras no te sacan 200 árboles al año. Ellos te sacan algunos árboles, y sí, eso llena de huecos las alineaciones. Hay una empresa que está por calle Italia que dejó toda una esquina sin árboles. Sacaron unos ibirapitás gigantes, cerraron las cazuelas y ahora no hay más espacio. O si no te ponen unos arbolitos a los cuales yo llamo «el árbol que no molesta». Son arbolitos de tres metros y medio de alto que no sirven para nada en una gran ciudad. El principal problema del arbolado está en el centro, donde el arbolado está mucho más vulnerable por el tema de las veredas, por la temperatura y por la exigencia del espacio. Hay incluso edificios que hacen balcones sobre el espacio público, y eso mata a los árboles altos”, aseguró.
Para Silvia Molina, el peligro que representan las constructoras es “muy preocupante”. “Las constructoras muchas veces cortan ramas principales, llenan las cazuelas de cemento y de escombros, voluntaria o involuntariamente, y la entrada y salida de camiones también golpea y daña a los árboles. Es fundamental que cada árbol tenga su cazuela despejada y en condiciones para poder absorber agua. Un ser vivo que está intervenido de esa forma se termina debilitando y se muere o se cae”, afirmó.
La presidenta de Protegiendo Nuestros Arboles Rosario citó un ejemplo puntual. “Hace cuatro años, en Alem al 1400, una constructora vandalizó un árbol: le inyectó un producto que lo terminó matando. Eso se denunció al Municipio y salió en los medios, pero hasta el día de hoy esa constructora no tiene ninguna multa. Pasaron dos años y ese árbol no se sacó, se podría haber caído tranquilamente arriba de una persona o un auto. Recién lo sacaron el año pasado, junto a otro árbol que estaba en buen estado de salud”, relató.
Según Molina, “las empresas constructoras a veces prefieren vandalizar los ejemplares o sacarlos, total para ellos la multa no es nada. Para los grandes capitales 120 mil pesos no significan nada. Acá necesitamos un Estado presente, porque el Estado es el que tiene la autoridad como para poder ejecutar y para poder bregar por el cuidado del arbolado. Las autoridades tienen que entender que el arbolado está ligado a la salud pública. No es un tema menor, y menos en tiempos de emergencia climática”, remarcó.
En la mirada del ingeniero Vesprini, que es investigador del Conicet y profesor titular de Ecología en la facultad de Ciencias Agrarias, el tema del arbolado público plantea en el fondo preguntas más complejas. “Las plantas tienen crecimiento indeterminado. Los árboles son organismos muy longevos y les lleva muchos años su desarrollo, algunos pueden vivir 80 ó 100 años, y esto los hace muy sensibles en los ecosistemas ciudadanos. El crecimiento de los árboles a muchas personas las abruma. Yo escuché infinidad de veces a personas diciendo «hasta dónde va a llegar este árbol», y un árbol llega hasta donde está determinado su crecimiento, por las características de su especie y por el ambiente que lo rodea”, sostuvo.
El profesor consideró que “la sociedad no puede tolerar que los árboles son organismos con historia”, y afirmó que “en la sociedad es cada vez más importante el cuadriculado y la normalización, en base a lo que es un proyecto urbano inviable que tiene la ciudad de Rosario”. En ese sentido agregó que “tenemos que pensar en qué ciudad queremos vivir, si queremos una vida cuadriculada, si nos van a decir cómo tenemos que crecer o si vamos a crecer de acuerdo a nuestra propia naturaleza”.
Las calles queman
¿Alguna vez probaron caminar en pleno verano por una cuadra sin árboles seguida por una cuadra arbolada? ¿No sintieron que pasaban del infierno al paraíso en pocos metros? Es así, y no es sólo por el efecto de la sombra. Los árboles reducen la temperatura, y son los grandes aliados para combatir el cambio climático.
“Los arboles absorben agua por las raíces y la evaporan por medio de las hojas. En este proceso transforman agua líquida en vapor. Y la energía que consume ese proceso es la que produce descenso de la temperatura”, explicó Vesprini. “Los árboles no morigeran el clima sólo porque hacen sombra, sino también por este proceso que se da durante la transpiración y la fotosíntesis”.
Como todos los grandes centros urbanos, Rosario tiene sus “islas de calor” bien delimitadas: es allí donde abunda el cemento y faltan los árboles. Un ejemplo clásico es la Plaza Montenegro, ubicada en el corazón del microcentro. “Hasta bancos de cemento pusieron, y un mercado con contenedores de chapa pintada de negro. Es para cocinarse vivo”, dijo César Massi.
¿Por qué es así la plaza Montenegro? ¿Acaso no se pueden plantar árboles porque debajo de la plaza hay un estacionamiento? “Esa es la vieja excusa, que no se puede poner verde en la plaza porque abajo hay un estacionamiento”, respondió el viverista. “Pero estamos en 2026, tecnologías para impermeabilizar sobran. Hoy podés poner árboles hasta arriba de un edificio. Lo hacen en distintas partes del mundo. Hay árboles con sistema radicular horizontal, que con un metro de tierra ya es suficiente. Pero ponele que no querés poner árboles. Se pueden poner pérgolas con enredaderas. Y el suelo también se puede cambiar: se puede cambiar la loza por una capa de 15 centímetros y poner césped. O se podrían poner jardines de gramíneas adaptadas a vivir en condiciones de sequía, que hay un montón. Y a los costados podés plantar árboles medianos. Con eso ya bajás un par de grados la temperatura”, ejemplificó.
Silvia Molina acotó que “en la Plaza Montenegro tranquilamente se podría hacer lo que estuvieron haciendo en plazas de París y de Bogotá: levantaron todo el cemento para reverdecer. En esas dos ciudades implementaron veredas verdes y plantaron aromáticas. También elevaron el suelo para dar espacio a las raíces de los árboles. Así lograron bajar la temperatura unos cuantos grados, y de esa manera creció el comercio y el turismo”, aseveró.
Massi contó que las distintas ideas para transformar la plaza fueron presentadas a las autoridades. “En su momento lo trabajamos en un proyecto con (la ex concejala) Susana Rueda. Y después lo tomó Alicia Pino, que la reemplazó en el Concejo cuando ella se fue al Ministerio de Cultura. Ese proyecto se presentó, se aprobó y ahí quedó. Hay una negativa de hacer algo con esa plaza. En un tiempo, cuando yo era chiquito, esa plaza tenía algo de verde, cuando se llamaba plaza Pinasco. En un momento tomaron la mala decisión de poner ficus en unos macetones grandes, que tal vez pesaban mucho. Pero se pueden poner cosas con el peso más distribuido y menos altas. Y las pérgolas con enredaderas también se pueden instalar tranquilamente. Imagino que la Municipalidad quiere tener esa explanada para hacer eventos culturales, pero no vas a poder hacer ningún evento entre diciembre y marzo, porque esa plaza a la noche, en verano, debe tener 50 grados de calor”, señaló.
El naturalista añadió que otras islas de calor en el microcentro “son calle Corrientes, que no tiene un solo árbol, y también calle Santa Fe en el tramo inferior”. Y Molina agregó las calles “Maipú, San Juan y Córdoba del 2100 al 3000, que está casi desarbolada, porque los pocos árboles que plantaron se secaron todos”.
Otra cuestión central para planificar el arbolado urbano es el tema del espacio.
“Si queremos tener una ciudad arbolada, en algunas cuadras vamos a tener que resignar estacionamiento, porque todo no se puede”, dijo Massi. “Poniendo arbolitos chiquititos mucho no vas a lograr. Todas las ciudades tienen ese problema y lo van a tener que empezar a discutir”, consideró.
Molina, por su lado, acotó que “el problema en Rosario es que hay muchísima logística para sacar árboles pero muy poca gente para plantarlos. El equipo de plantación de la Municipalidad es excelente. Conocemos al jefe del equipo y es un profesional admirable, pero necesitamos que ese profesional tenga más equipo físico para la plantación y que tenga los recursos necesarios. Y no es sólo plantar: a los árboles hay que regarlos, ponerles tutores, supervisar que el ejemplar crezca bien. Los árboles que plantamos ahora recién van a poder dar sombra y beneficios de acá a diez años. Por eso es tan importante preservar el arbolado existente y que está en buen estado de salud”, subrayó.
El viverista, que hace muy poco se incorporó a la unidad de Ambiente y Espacio Público del municipio de Bigand, coincidió en este último punto y sumó una acotación importante: “Plantar mucho no es plantar bien. La buena política no es plantar por plantar. Lo primordial es tratar de mantener sano el arbolado de alineación (el que se planta en las veredas) que tenemos ahora. Y en base a eso armar un arbolado nuevo que sea más acorde a estas épocas. Nosotros podemos tener espacios verdes enormes, pero los parques están en un lugar puntual. El arbolado de alineación penetra en toda la trama urbana. Para refrescar una ciudad tenés que tener un buen arbolado de alineación. No podemos vivir en una ciudad que tenga 60 grados en las calles. Eso eleva las enfermedades cardíacas, los problemas de presión, los golpes de calor, todo lo que hoy no censamos como consecuencia de vivir en una ciudad más caliente”.
En contraposición a las “islas de calor” del microcentro, en marzo del año pasado la Municipalidad decidió instalar “islas de sombra”: toldos de mediasombra que se colocaron en algunas cuadras de las peatonales Córdoba y San Martín. La iniciativa, que volvió a repetirse este verano, generó muchos más rechazos que adhesiones en la opinión pública.
“Yo no dudo que la mediasombra te baja un poco la temperatura, porque nosotros lo hacemos en el invernadero”, comentó Massi. “¿Pero qué mensaje estás dando poniendo una mediasombra? ¿Que el cambio climático se soluciona cubriendo la ciudad con una manta de plástico? ¿Ese es el mensaje? No es tan fácil. ¿Por qué no ponemos árboles, porque el frentista de la peatonal Córdoba no quiere que le tapen la fachada del negocio? Okey, listo, entonces cobrale una tasa ambiental al frentista que no quiere árboles. Los comercios no son dueños del espacio público. Yo quiero que abran comercios y que la ciudad sea pujante, ¿pero quién va a caminar en una peatonal sin árboles dentro de 10 años? En peatonal San Martín se hizo un esfuerzo de arbolado, módico, sí, pero se pusieron más árboles y se abrieron cazuelas. En peatonal Córdoba, en cambio, abrieron cazuelas para hacer jardines, pero no pusieron más árboles”, criticó.
Una nueva ordenanza y más interrogantes
El 9 de diciembre pasado, el Concejo Municipal aprobó una ordenanza que declara al arbolado público como patrimonio natural y cultural de Rosario. La ordenanza, que se aprobó después de un año y medio de debate, ampara a las especies verdes y endurece las sanciones frente a las podas o la extracción de ejemplares sin autorización. La nueva norma reemplaza a la vieja ordenanza de arbolado, sancionada en marzo de 1991.
El proyecto fue presentado por el concejal Agapito Blanco (Juntos por el Cambio), y fue impulsado justamente por Protegiendo Nuestros Árboles Rosario, la ONG que nació hace 20 años de la mano de un grupo de vecinos autoconvocados.
“Esta ordenanza salió después de mucha lucha, y fue supervisada por la ingeniera y especialista en arboricultura Ángela Villademoros”, dijo Silvia Molina. “Nuestro mayor deseo es que se cumpla y se pueda revertir lo que está pasando. Que el Estado municipal empiece a valorar nuestros espacios verdes y que escuche a los vecinos. Nosotros no queremos comunicarnos por Munibot, necesitamos una gestión que esté presente”, señaló.
La presidenta de la ONG explicó que la nueva ordenanza exige que “el personal que esté a cargo de las podas tenga cursos de capacitación”, y que esos cursos sean transparentes, “que cualquier vecino pueda acceder a corroborar esa información” y ver qué personas se capacitaron. “La ordenanza busca transparencia y esa información debe ser pública”, remarcó.
Ahora bien, ¿servirá la nueva ordenanza para disuadir a los que mutilan las raíces y las ramas o a los que directamente extraen ejemplares que están en buen estado? ¿O pasará como otra ordenanza que nadie cumple sin consecuencias?
“Acá hay que forestar. El cemento hace daño y está comprobado”, dijo Molina.
“El intendente fue presidente de la comisión de Ecología del Concejo. Él sabe perfectamente cuál es la situación y cuáles son los riesgos. Nosotros lamentamos la mirada tan extractiva. Nos gustaría que tuviera una mirada más innovadora en lo que respecta a espacios verdes. Y es una pena, porque es una persona que tiene muchísima capacidad. El tema es que nunca nos quiso escuchar. A veces hay que involucrar a los vecinos desde la humildad, desde las ganas de crecer juntos. El vecino y el Estado Municipal podrían hacer muchas cosas, pero acá eso no ocurre”, afirmó.
Desde Iceberg intentamos comunicarnos con el secretario de Ambiente y Espacio Público de la Municipalidad, Luciano Marelli, para conocer su versión sobre todos estos temas y para que añadiera información sobre el plan de forestación urbano para este 2026. Lamentablemente, a pesar de los insistentes mensajes, no obtuvimos respuesta.